Me sentí herido cuando perdí a las personas de las que me enamoré.
Hoy, estoy convencido de que nadie pierde a nadie, porque nadie posee a nadie. Ésa es la verdadera experiencia de la libertad:
tener lo más importante del mundo, sin poseerlo.
Las decisiones, en particular las importantes, siempre me han dado sueño, tal vez porque sé que tendré que tomarlas por instinto, cuando lo que otras personas me dicen que debo hacer es resolverlas pensando.